Orgullo de cantautor Cáusticos. Sin estridencias. Son músicos. Y gays. Escriben sobre sus novios y hacen grandes discos. Se acabó lo de elegir entre esconderse o arriesgarse a ser la más loca. A asumirse con naturalidad.
Desprendido de lo folclórico, lo rosa y las grandes carrozas en desfiles que funcionan a modo de comuniones catárticas, la imagen del artista gay ha mutado hacia algo dotado de un cáustico sentido del humor, menos estridente, con colores neutros y un discurso cuya universalidad va más allá de que todos bailamos o todos follamos. He aquí las disertaciones de Stephin Merritt, de Magnetic Fields, el porno indie de Hidden Cameras, el vodevil de Rufus Wainwright y el pop de transbordo de metro de Andrés Lewin.
ANDRES LEWIN
Andrés Lewin nació en Buenos Aires hace 25 años, pero pronto vino a vivir a Madrid. Y la capital es su ciudad preferida en el mundo. El lugar que inspira sus historias y que le ha visto nacer y crecer como cantautor. "Uf, lo de cantautor no me gusta nada. Tiene un regusto rancio. Bueno, soy un compositor que canta sus canciones". Y esas canciones beben de referentes que van de Andrés Calamaro a Silvio Rodríguez. Agencia de viajes es su álbum de debut. "El disco que realmente me inspiró a coger una guitarra y escribir mis propias canciones fue el Mano a mano de Silvio y Aute. Y es curioso, porque ése álbum está producido por Gonzalo Lasheras que, curiosamente, también es el responsable de mi disco. Es como si el círculo se hubiese cerrado".
Dos temas de amor dedicados a un chico, estampas cotidianas y canciones sobre la muerte de su madre. Sinceridad y transparencia. Sin miedo a mostrarlo todo. "Es que soy así. Me niego a ser ambiguo. Soy gay y se vive mejor fuera del armario. Sólo puedo escribir sobre lo que me pasa y sólo espero que, aunque las historias sean ciento por ciento personales, el público se pueda identificar con ellas. Creo que, al final, todos somos bastante iguales". Andrés es consciente de que existe un perfil gay estereotipado por los medios y que él no encaja en absoluto con eso. "Hay gente mucho más activa y que se deja ver más, y gracias a ellos hemos ganado muchas cosas. No soy de ese perfil, pero les respeto mucho y, sobre todo, les agradezco todo lo que han hecho. Hay tantos tipos de gays como de personas gays".
RUFUS WAINWRIGHT
Rufus Wainwright, 28 años, canadiense. Es hijo del cantautor Loudon Wainwright. Su madre, Kate McGarridge, también hace canciones, toca el banjo y es muy conocida en su país. Ambos han escrito temas sobre el niño. Rufus ha editado hasta la fecha tres discos impresionantes. Tardó tres años en crear su debut, una ópera mangífica de pop desbocado, cabaret gay, orquestaciones excesivas y tragedias griegas. Luego llegó Poses, un álbum más moderno. En otoño de 2003 veía la luz Want (este mes reeditado en España), un disco que coge lo mejor de sus dos primeros largos y que tardó sólo seis meses en grabar. Pregunta a un músico cuál es su artista preferido. Siempre responden: Rufus Wainwright. Cínico, altivo, encantador, ingenioso. Superó sus adicciones, vio el abismo y decidió grabar sobrio. Le gustó.
Familia
"La familia es muy importante para mí. Somos un clan. De las canciones que han escrito mis padres sobre mí, me quedo con la de mi madre. Es tan políticamente incorrecta que me encanta".
Sexo
"El sexo me gusta. Soy gay, y eso no creo que a estas alturas incomode a nadie más que a Bush y a su tropa. Nunca he sido excesivamente explícito en mis letras. Sutil, o eso creo, al menos. Voy a editar un epé este año con un tema que se titula Gay messiah".
Amor
"Creo que he roto tantos corazones de chicas como de chicos. Soy un lagarto bajito".
Ego
"La gente a veces no entiende mis bromas y piensan que soy altivo y pagado de mí mismo. Es verdad. Ser yo es genial, cariño".
Futuro
"Al estar sobrio durante la grabación de Want conseguí acabar muchas canciones. Quiero editar una segunda parte, antes de las elecciones. Hay mucha política en ese disco que no tendría sentido si sale tras echar a Bush. Quiero hacer cine. La segunda parte de Moulin Rouge. Ewan McGregor descubrirá que es gay y se enamorará de mí".
HIDDEN CAMERAS
En Canadá todo el mundo hablaba de ellos antes de que hubieran firmado con ningún sello. Tras debutar con Ecce homo, los Cameras editaron The smell of our own, un álbum de música sacra gay. Folk, grandes melodías, recuerdos a Belle and Sebastian, coros enormes y un muro de sonido construido a base de consoladores, letras porno gay y un sentido del humor que nunca descansa. Joel Gibb, veinteañero, artista gráfico, escritor y músico, encabeza esta enorme compañía. Un día son 20, otro 40. En el escenario, nunca menos de 15, con bailarines dislocados cuya máxima finalidad es desinhibir al siempre anquilosado público indie. Este año tienen previsto editar su tercer largo, titulado Mississauga doddam. Joel se sienta delante del ordenador para hacer este breve cuestionario.
Llevaros de gira debe ser carísimo
"Podemos ser muy caros cuando queremos".
¿Qué piensan tus padres de tu grupo?
"Les encanta".
¿Por qué empezaste a hacer música?
"Para llenar un agujero".
En una pelea a puñetazos contra Poly-phonic Spree, ¿quién ganaría?
"Uy, nada de peleas para mí".
¿No os da miedo que haya gente que encuentre vuestras letras demasiado explícitamente gay?
"Pues sí".
¿Sois una banda de sexo y política?
"Pues sí".
¿Existe el gay pop?
"El pop es pop. Es bonito escribir sobre lo que quieres".
MAGNETIC FIELDS
Stephin Marrit se acerca a los 40 con la misma idea en la cabeza con la que creció. Mientras los otros niños del colegio eran fans de Disney y reían con Mickey Mouse, este americano era fan de Disney porque quería ser Walt Disney. Con la homosexualidad nunca como hecho diferencial, y sí como acicate para dar forma a un plan global de venganza que se maquina bajo cuatro mascaradas (Magnetic Fields, Future Bible Heroes, The 6THs y The Gothic Archies). Merrit, desde su casa, por teléfono, y recordando tras cada palabra que no tiene ninguna gana de estar aquí, responde con la desidia del autómata los temas referentes a la producción de sus discos (muchos y casi todos muy buenos); con displicencia, liquida cuestiones personales (lo más gay que dirá es que le gusta ABBA); y con un cinismo envalentonado -por el extraño complejo de superioridad que siente el que le toca responder sobre el que juega el papel de preguntador- , despacha el resto (lo de ser el Cole Porter indie no lo lleva muy bien). A pesar de ello, conseguimos que diga cuatro cosas.
Homosexualidad
"Nunca he sentido la necesidad de ocultar mi homosexualidad. Desde el principio he hecho lo que quería. No me gusta hablar demasiado de mi vida. Muchos creen que ya saben bastante de mí con mis letras. Por mí, si son felices con eso".
Derechos gays
"No me importa mucha la lucha de los homosexuales por sus derechos, ni quiero ser estandarte de nada. No me metan en guerras, que no quiero luchar".
El disco
"El título del disco (i) es accidental. Todos los temas empezaban con esa letra y pensé que había algo allí. No es una cuestión de ego ni tampoco necesito tener un concepto cada vez que hago un disco".
Amor
"Antes igual observaba el amor desde lejos. Ahora lo veo desde dentro. Pero no estoy seguro de que me guste demasiado".
Por Xavi Sancho |